Helianthus annuus


Hoy no vengo a hablar solo de historia. Vengo a hablar de raíces. Y para ello he elegido la flor del sol, helianthus annuus. El girasol es especial por su heliotropismo, su capacidad para orientarse siempre hacia la luz; sin embargo, quienes hacen posible este movimiento son sus raíces.

Percibimos el pasado de la educación como un estrato que ha quedado enterrado bajo el peso del tiempo. No obstante, es la capa que contiene las raíces del sistema educativo en que crecimos. Unas raíces que, como futuros docentes, debemos conocer si queremos orientar nuestra labor hacia el foco de luz correcto y que son la base los horarios, currículums, jerarquías, métodos de evaluación y concepciones del saber que componen el sistema educativo actual.


La educación que hoy ofrecemos en las aulas es el eco de decisiones históricas que se tomaron en respuesta a necesidades muy concretas: formar ciudadanos, cultivar la religión, consolidar Estados, sostener los engranajes de la industria… Cada modelo educativo surgió de su propio contexto, y cada respuesta dejó huella. Cuando nos volvemos conscientes de que nuestro sistema educativo tiene unas raíces eurocéntricas que giran en torno a determinadas concepciones del conocimiento podemos empezar a cuestionarlas. No con el fin de arrancarlas, sino para conocer sus debilidades y trabajarlas.

Nuestro sistema educativo ha crecido a partir de semillas que se plantaron en diferentes épocas. De la academia de Platón heredamos el diálogo y la convicción de que el saber es un ejercicio de pensamiento crítico; de los monasterios medievales, la cultura del esfuerzo, la memorización y el hábito de escucha, así como el tiempo pautado y las normas que hoy resuenan en el timbre que marca el final de una clase. 

La estructura curricular se consolidó en las universidades medievales, pues en ellas el conocimiento se organizaba en el trivium y el quadrivium. Ahí se legitimaron las jerarquías, se dividió el conocimiento en facultades y se establecieron las evaluaciones por exámenes. Pero quizá la semilla más significativa fue la escuela pública victoriana. La educación se convirtió en una máquina nacional de alfabetización masiva, disciplina y orden. De ahí provienen los pupitres alineados, el docente como figura de autoridad incuestionable y la idea de que todos deben aprender lo mismo al mismo ritmo. Es la herencia de una revolución industrial que necesitaba obreros eficaces. 

La semilla más reciente ha sido la era de internet; el aprendizaje se ha expandido y el conocimiento ya no se limita al aula. Las raíces se extienden por redes digitales, MOOCs y comunidades autodidactas en las que nuestra distancia con el saber depende de un clic. 


Como futuros docentes, tenemos en nuestras manos una regadera; una posibilidad de decidir a qué semilla hidratamos, cuál queremos que crezca. Cuando recorremos la historia ganamos perspectiva. Y la perspectiva es lo que permite mirar conscientemente hacia nuevos focos de luz. Focos que deben elegirse sabiamente, pues de ellos depende un sistema educativo que forma a la sociedad del futuro.

El girasol no controla el movimiento del sol, pero sí decide orientarse hacia él. La educación tampoco controla el paso del tiempo, pero puede decidir cómo responder a él.


Cada giro hacia la luz comienza, inevitablemente, bajo tierra.

Comentarios

  1. Wow! que interesante esta frase "Solo cuando sabemos que el sistema educativo moderno tiene unas raíces eurocéntricas que giran en torno a determinadas concepciones del conocimiento, podemos empezar a cuestionarlas. No para arrancarlas, sino para decidir qué hacer con ellas."

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  2. Que chuli!! Me encanta como va creciendo este pequeño jardin

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  3. Candela me encantan todas las metáforas que estás utilizando en tu blog

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  4. Me encanta cómo escribes Candela!! Me parece súper bonito cómo relacionas la educación con las flores

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