Hydrangea

Imagen tomada de Pinterest, usuario: @olenaryndyuk

¿Alguna vez te has preguntado quién decide qué contenidos hay que dar en el colegio? ¿Por qué esos contenidos? ¿Quién establece las normas y por qué? ¿Por qué cuando un niño no cumple una norma hay que castigarlo? ¿Qué tienen de especiales esas normas?...

Podríamos seguir haciéndonos preguntas e ir “desarmando” la estructura del sistema educativo, y al final llegaríamos a la pregunta que sustenta todas las anteriores: ¿qué relación existe entre el saber y el poder? Pues bien, puede que Foucault tenga la respuesta a esto.

¿Sabías que el color de las hortensias viene determinado por el suelo en el que crecen? El pH es el que lo regula; cuando este es alto (y el suelo es ácido), la hortensia crece de color azul, pero cuando es bajo (y el suelo es alcalino) la flor queda de color rosa. El jardinero, sabiendo esto, puede inyectar en el suelo diferentes químicos en función del color de hortensia que prefiera; cuando las quiere azules, inyecta aluminio para reducir el pH, y cuando prefiere que sean rosas introduce cal para crear un medio alcalino y bloquear la entrada de aluminio en la flor. ¿Lo más curioso?: que la flor no tiene voz para decidir su propio color…

Foucault compara el saber con el dominio. Según él, detrás de toda verdad se esconde una voluntad de poder, pues todos aquellos que poseen conocimientos o saberes son quienes pueden hacerse con él. Afirma que ellos controlan lo que se considera como verdad, una verdad que implica silencio y sumisión, pues, por ejemplo, quienes tienen poder tratan de silenciar a los que se atreven a cuestionar estas verdades o a pensar de otra manera. Como únicamente los individuos que tienen conocimientos pueden alcanzar el poder, lógicamente no dejan que el saber esté al alcance de todos. Para acceder a él es necesario un adoctrinamiento o, dicho de otra manera, una cualificación y una sumisión a las normas establecidas. De ahí el conflicto que a lo largo de la historia ha existido entre la iglesia y el Estado por controlar la educación; ambos buscan controlar el saber y, por tanto, tener poder.

Sin embargo, no sólo defiende que el saber genera poder, sino que también sucede al contrario: el saber implica poder y el poder implica saber. Foucault critica cómo la escuela moderna se encarga de mantener esta relación, pues, en ella, unos pocos que poseen unos saberes o conocimientos (los docentes) transmiten estos a otros pocos de manera “secreta”, es decir, a través de un lenguaje científico inaccesible a las personas que carecen de cierta formación. Además, únicamente se transmiten los conocimientos que se consideran verdaderos, así se aseguran de que los alumnos que alcanzan el poder sean obedientes y sumisos. De esta forma, se va aumentando la brecha entre los conocedores (poderosos), y los que carecen de saber, haciendo que ese poder sea cada vez más inalcanzable. Por ende, entre saber y poder también hay una relación de retroalimentación.

Foucault introduce, asimismo, el concepto de “normalidad”, que es lo que está socialmente aceptado. La escuela es la principal reguladora del poder, pues, además de definir la realidad y construir una visión ante el mundo que es la que se considera como verdadera, controla a los niños y genera individuos sumisos que se adaptan a ese saber determinado y que forman parte de la “normalidad”. Aquellos que no encajan en la escuela, por ejemplo, los que son más rebeldes, desordenados, inquietos… son etiquetados como “anormales”. Solo los individuos “normales” triunfarán académicamente, ya que no se desvían de la norma y no alteran el orden establecido, mientras que aquellos que no se adaptan están destinados a fracasar, tanto académicamente como en el ámbito de lo social, porque no encajan en esa sociedad sumisa y disciplinada en la que no cabe la pluralidad de formas de ser y pensar. 

Imagen tomada de Pinterest, usuario: @adelinehiggerson
Dato curioso: hay un tipo de hortensia (Hydrangea macrophylla) que siempre es blanca, no importa el pH del suelo. Tiene unos genes que impiden que el pigmento interactúe con el aluminio del suelo. Como no tienencolor, a menudo se menosprecia, porque claro, comparadas con las perfectas hortensias azules y rosas…

Foucault considera que individualizar es fundamental para constituir esta sociedad de individuos dóciles y sumisos. Afirma que la educación es individualizante, ya que las prácticas educativas están enfocadas en construir individuos y no comunidades. Esto es claramente visible en ejemplos como el uso de exámenes y expedientes individuales para evaluar, el fomento de la competencia individual… Al igual que el sometimiento y la docilidad, razones por las que el profesor enseña orden y disciplina, así como respeto a la autoridad. Estas prácticas, son la base de una sociedad individualizada, “normal” y sumisa, útil para la producción capitalista (ya que en el mundo laboral se necesitan trabajadores obedientes y callados que sigan pasivamente las órdenes de su jefe). Foucault sostiene que la individualización tiene relación también con el temor de las clases altas a que las clases populares provoquen insurrecciones y revueltas. Es una especie de medida preventiva. Se evita que los sujetos alcancen el saber libremente, porque sin esa sumisión e individualización esas clases populares podrían hacerse con el poder, cosa que no es conveniente para las clases altas.

Por último, Foucault destaca el papel del espacio y el tiempo en la escuela como medio de control de los alumnos. Así, los niños en la escuela experimentan una ruptura con el espacio y el tiempo a los que están acostumbrados en su vida cotidiana. Desde que llegan al colegio hasta que se van, tienen todo su tiempo perfectamente ocupado y organizado. Además, Foucault defiende que toda la arquitectura de la escuela está organizada en torno a la vigilancia y el control de los alumnos. Un claro ejemplo podría ser la distribución de los pupitres en filas y columnas, que impide la comunicación cara a cara entre los alumnos y favorece la atención al profesor, que es el único que tiene el saber. 

¿Ves la relación de todo esto con la hortensia? A ver… te ayudo a entenderlo. Igual que, como he dicho al principio, el jardinero tiene el poder de introducir en el suelo unos componentes u otros en función del color de flor que quiere que emerja, las instituciones educativas tienen el poder de establecer qué saberes transmiten a sus alumnos según el tipo de persona en que les conviene que se conviertan en la medida en que aporten al sistema capitalista. Cuando el jardinero controla el aluminio y sabe cómo funciona, controla el tipo de flor que crece. El aluminio es el saber que permite el moldeamiento del color de la flor.

Y la hortensia blanca… ¿qué tiene que ver con esto? La Hydrangea macrophylla representa la “anormalidad”; esos individuos que, por mucho que el sistema intente teñirlos o adoctrinarlos modificando el entorno, mantienen su propia naturaleza. La hortensia blanca es aquel niño inquieto, desordenado, rebelde… que molesta en un jardín de flores coloridas perfectas y que, por ende, es descartada.

Sin embargo, Foucault no sólo realiza una crítica al sistema educativo moderno, sino que también abre una puerta a la esperanza y plantea como solución el aprendizaje cooperativo, que es la práctica educativa en la que los estudiantes trabajan en grupos heterogéneos maximizando el aprendizaje. Destaca también la necesidad de que los docentes, pedagogos y psicólogos reciban una formación crítica. El primer paso para acabar con esta sociedad obediente y sumisa está en manos de las escuelas.

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