Nelumbo nucifera
Hoy vengo a reivindicar el cuerpo; el elemento más necesario para el aprendizaje, pero también el que más se reprime, controla e ignora en la educación. Pero, ¿por qué? Pues bien, para responder a ello me voy a servir de las ideas del filósofo Merleau-Ponty.
Este autor expone una mirada de la corporalidad alejada de aquellas posturas que consideran que el cuerpo es de menor importancia frente a las facultades intelectuales de los estudiantes. Lo considera un vínculo esencial con el mundo y el medio principal de la experiencia de la enseñanza - aprendizaje. Según este autor, a través del cuerpo el sujeto puede tener un punto de vista de los objetos, pero este se limita a la finitud corporal. Entiende el cuerpo como una unidad viviente ligada estrechamente al mundo. Como el cuerpo no puede separarse de la experiencia, sobrepasa su estatus de objeto de tal manera que, al estar dotado de sensibilidad, nos permite interiorizar las experiencias. Es decir, permite el paso de las experiencias de la exterioridad a la interioridad, pues esta exterioridad la comparte con los objetos del mundo. El cuerpo es lo que nos hace seres del mundo y el hecho de poseer un cuerpo nos permite estar en conexión con un medio definido.
Una de las cosas más curiosas sobre las que habla este autor es la permanencia del cuerpo. Frente a los objetos del mundo cuya permanencia se caracteriza por la capacidad de poder alejarse o incluso desaparecer del campo visual, el cuerpo propio siempre se nos presenta desde el mismo ángulo, y nunca delante. El punto de vista que nos da de las cosas es distinto del que tenemos nosotros sobre él. Aunque los objetos únicamente nos muestran un lado, podemos elegir dónde situamos nuestro cuerpo para verlos, de tal forma que desde cada posición experimentamos las cosas de una manera diferente. Por tanto, según este filósofo el cuerpo es el medio de comunicación del individuo con el mundo y el punto de vista que cada uno tiene sobre las cosas depende de este.
Merleau-Ponty destaca, además, “el olvido del cuerpo” en la educación. La escuela tradicional pone siempre el foco en el aprendizaje intelectual y abstracto, de tal forma que el cuerpo ocupa un lugar secundario y limitado, además, al control y la disciplina o a espacios muy esp
ecíficos como la educación física. Por tanto, el cuerpo se concibe como obstáculo y no como el medio de conocimiento que es. El aprendizaje requiere el uso de los sentidos, el movimiento, las emociones y la relación con el entorno, para lo que la inmovilidad, el silencio y la pasividad corporal que están presentes en las aulas hoy en día suponen una contradicción.
Por último, algo me llama la atención de este autor es su distinción entre individualidad y singularidad. Mientras que la individualidad hace referencia a la concepción del alumno como una unidad aislada, medible y comparable, propia de los modelos educativos estandarizados, la singularidad reconoce que cada individuo es un ser encarnado, situado en un lugar, con una historia corporal única. Merleau-Ponty afirma que el alumno no puede ser comprendido como una unidad abstracta o una conciencia separada del mundo ya que toda relación con este se da a través del cuerpo. El cuerpo es el medio desde el que cada uno percibe y habita el mundo; todo lo que aprendemos está ligado a la situación corporal desde la cual se vive y se percibe. Actualmente el sistema educativo es individualizante ya que toda su organización gira en torno a la percepción de los alumnos como sujetos aislados, lo que es visible, por ejemplo, en la estética del aula cuyo centro son la pizarra y el profesor. De ahí la existencia de pupitres individuales que se hallan mirando a este centro. Otro ejemplo podrían ser los sistemas de evaluación, como los exámenes individuales.
Como he dicho antes, el receptáculo central de la flor de loto se caracteriza por que es opacado por los llamativos pétalos de esta flor… ¿No os recuerda a algo?
¡Exacto! ¡Al cuerpo! Al igual que todos los pétalos de esta flor nacen de su receptáculo, todos los conocimientos que aprendemos se originan en nuestro cuerpo. Si no observamos, no escuchamos, no hacemos, no comprendemos… es imposible aprender nada. Y para ello necesitamos los ojos, los oídos, el movimiento, un cerebro que procese información… todo ello partes del cuerpo. Como dice Merleau-Ponty, el cuerpo es el que nos da una perspectiva de las cosas, es el que nos hace entenderlas tal y como lo hacemos cada uno y, en consecuencia, es el que hace posible el aprendizaje. No obstante, este es opacado por el peso de la mente, que es mucho más abstracta, amplia y llamativa. Todo lo que sucede en la mente parte de la experiencia previa del cuerpo, y el cuerpo necesita de la mente para interpretar y aprender de esas experiencias. Entonces… si el cuerpo y la mente son consustanciales, ¿por qué darle más importancia solo a uno de ellos?
Ante esta situación, están surgiendo nuevas metodologías como la gamificación, en la que se utilizan dinámicas de juegos para motivar a los alumnos, u otras basadas en aprender haciendo, experimentando y explorando con las manos de forma colaborativa, como pueden ser los talleres maker, el tinkering, el aprendizaje basado en proyectos… Este paso del aprendizaje pasivo a uno más activo supone toda una revolución pedagógica pues, como docentes, implica que a la hora de preparar una sesión, pasemos de simplemente limitarnos a explicar un contenido o ejercicio, a diseñar situaciones de aprendizaje en las que los alumnos se involucren corporalmente y sean el centro de la actividad. Por tanto, no se trata de dar más peso al cuerpo que a la mente en el proceso educativo. Es tan sencillo como buscar un equilibrio. Aunque, ¿de verdad es tan sencillo como suena?
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